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A novela, que ten unha alta carga de autobiografÃa, repasa a vida dun emigrante novo na Arxentina de comezos de século, e aproveita para facer un ácido retrato da colectividade galega emigrada ao paÃs americano. Deste xeito, o autor explica como o protagonista "habÃa encontrado un portero insolente; un ordenanza engreÃdo y un zapatero con ribetes de literato. En los meses que llevaba de estadÃa, tuviera ocasión de ver convertido en mozo de café a un tenedor de libros, en hotelero a un filósofo revolucionario y en gran señora a una buscadora de menor cuantÃa; pero creyó que aquellos eran cambios aislados, esperaba que los núcleos colectivos continuaran Ãntegros, con toda su prÃstina sencillez y naturalidad; ¡y no era asÃ!
Bien se comprendÃa que la metamorfosis fuera completa: hablaban en difÃcil, pensaban en absurdo, querÃan imitar al señorÃo. Únicamente, y como una misericordia de Dios, permanecÃa inalterable el amor a la patria lejana. No obstante, sin ser un gran psicólogo, podÃa afirmarse que aquellos hombres de smoking, pantalón a rayas y corbata chillona, y aquellas mujeres de blusa verde, falda azul y peinados extraordinarios, recargados de chafalonÃa y baratijas, eran en gran parte los causantes de que la leyenda embaucadora del oro ganado a manos llenas, continuase rodando por tierras de España y trayendo a incautos."
As crÃticas do autor non quedan só no culto ás aparencias que se daba na colectividade galega, senón que tamén alcanzan a aqueles que renegaban da súa orixe. "Manoliño, como le llamaban todos, si bien su nombre era José, naciera en un villorrio próximo a Lugo, y era de lo más zote, cerril y majadero que la tierra del Sacramento mandara a estos paÃses. Para aquel necio, que andaba con dos pies, por costumbre, nada habÃa tan malo como su patria. En ella, al babosear de aquel descastado, se comÃa poco, se dormÃa en pocilgas y se vivÃa miserablemente.
En vano Aurelio quiso convencerlo de su error y de lo pernicioso de su propaganda; Manoliño no querÃa saber de patriotismo.
Huyendo de un proceso por ataque a mano armada, embarcó clandestinamente en La Coruña. Del villorrio al tren, de éste al barco y del camarote a Buenos Aires, la enorme ciudad asombró sus retinas, acostumbradas a la calma de los valles y de las montañasEl cuello planchado, la corbata de vivos colores y el smoking de mozo de café lo despertaron a la realidad de su nueva vida. Veinticinco pesos, casa, comida y propinas eran lo bastante para satisfacer las ambiciones del lugareño. Aquello de que por dos pesos podÃa regodearse con unas mundanas tan copiosamente trajeadas, como las señoritas que a veces pasaban en automóvil por su aldea, acabó de sacar de quicio al asombrado rapaz, y para él no hubo más patria, ni más Dios, ni más mundo que la Argentina.
¡Cuántos Manoliños habrá por ahÃ, fomentando con su estulticia el descrédito de España!"
A edición facsimilar que agora se presenta está acompañada cun estudo crÃtico a cargo dos historiadores Xosé M. Núñez Seixas e Ruy FarÃas Iglesias.